Por Lucia Paca
Hay días en que recuerdo el sonido del piano más que cualquier palabra. Me llamo Lucía y en 85 yo era estudiante. Durante los días más duros en Chile, cuando el miedo caminaba por las calles como una sombra larga, el piano era el único lugar donde podía intentar decir lo que no se podía decir en voz alta.
Pero incluso allí era difícil.
Siempre me gustó leer a Aristóteles y pensadores. Encontré consuelo en sus páginas, sobre todo cuando hablaba de la catarsis, esa idea de que el arte permite liberar lo que llevamos dentro. Yo quería creer en eso. Quería creer que la música, como la poesía, podía abrir un espacio para respirar en medio de tanto silencio impuesto.
Sin embargo, cuando me sentaba frente al piano, mis manos dudaban.
¿Cómo tocar lo que realmente sentía?
Todo estaba vigilado. Las palabras estaban vigiladas. Las canciones estaban vigiladas. Incluso las miradas. Era como si el aire tuviera oídos. Y en ese clima, tocar lo que yo sentía de verdad parecía imposible. Todo lo que sonaba diferente a lo permitido podía ser fatal.
Recuerdo una noche en particular. Afuera se escuchaban pasos apresurados y voces bajas. En la radio alguien hablaba. Yo abrí el piano lentamente, como si también él tuviera miedo.
Intenté tocar una melodía alegre, algo ligero, algo que no dijera nada. Pero mis dedos traicionaron ese intento. Se fueron hacia acordes más profundos, más lentos, casi como un suspiro. Era música que hablaba de nostalgia, de preguntas, de una tristeza que no sabía cómo nombrar.
Me detuve.
Pensé en Aristóteles otra vez. En cómo decía que el arte nace de la necesidad humana de imitar la vida y comprenderla. Quizás por eso era tan difícil tocar. Porque la vida que estábamos viviendo no podía decirse abiertamente.
Y aun así, algo estaba cambiando.
En esos días muchos comenzaron a leer poesía. A escribirla en cuadernos escondidos, en papeles doblados dentro de los bolsillos. La poesía se volvió una forma de respirar. Como si cada verso fuera una pequeña ventana abierta en una habitación cerrada.
No sé si eso ocurrió exactamente así. Pero sé que en aquellas noches silenciosas, cuando mis dedos encontraban un acorde verdadero en el piano, sentía algo parecido a la libertad.
Era frágil. Era pequeño.
Pero estaba viva. 🎹📖 Por eso quise compartir estas palabras con este hermoso proyecto: Cultura y Resistencia.
Lucia Paca
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